Monday, 30 September 2013

Ni marcas ni identidades,.. perfiles y reputación online



Desde luego no creo que se trate de marcas personales o profesionales, en todo caso, marca profesional y perfil personal, y mucho menos identidades profesionales y personales, sí en cambio identidad digital con diferentes perfiles. Trabajar sobre nuestra identidad digital, en su vertiente más personal o profesional (tanto si es posible separarlas como si no) es un acto de responsabilidad y no puede ser improvisado ni dejado al azar. Y lo que es importante, la "reputación online".


Dicho esto, creo que podría ser interesante e ideal tener un perfil personal y otro profesional separados y sin interferencias entre sí, esto permitiría expresarnos y mostrarnos de forma diferente en cada perfil, sin dejar de ser nosotros mismos pero sin mezclar las cosas, porque no acabo de ver la utilidad de que nuestros pacientes conozcan nuestra orientación sexual o la afiliación política, o incluso si somos fumadores o no por ejemplo, más bien al contrario. Sin embargo, no parece muy factible mantener separados los perfiles, no sólo el profesional y el personal, puede ser que tengamos otros perfiles específicos de grupo, de afiliación o de plataforma social. Si no es posible separarlos hay que estar muy atentos en cómo los utilizamos (como así lo hacemos en el trabajo, con nuestros amigos, en la calle o en una fiesta).

Aunque es posible crear diferentes perfiles en cualquier plataforma como Twitter o Facebook, es imposible mantenerlos realmente separados, es bien fácil integrar la información en una misma identidad digital. Pero todo esto no sólo es así para profesionales de la salud, imaginad políticos, pilotos de avión, deportistas de élite o los educadores de nuestros hijos, por poner algunos ejemplos.

Mi identidad digital (que ya no es otra diferente de mi identidad como persona) es cierto que va mucho más allá que mi profesión de médico, pero el hecho de tener una identidad mucho más pública y de potencial influencia en la relación con otras personas, como aquellas que fueron o son pacientes, que otras personas y profesiones, hacen mucho más delicado la forma en la que mi identidad es reconocida o gestionada, y esa es nuestra realidad. Si un día la consulta resulta especialmente difícil por cuestiones que consideramos no estrictamente médicas o que han requerido un mayor esfuerzo que no vemos justificado (ya nos entendemos los que sabemos lo que es la asistencia) y se nos ocurre el típico tuit de queja desafortunado producto del cansancio y de la tensión (que he leído en más de una ocasión), perfectamente justificado, pero que sólo diríamos a otro compañero o para nuestros adentros… ¿qué pensarán los pacientes que nos siguen en Twitter? Y esto como ejemplo de lo más simple que se me ocurre.

Una de los grandes absurdos que me llama la atención, es que habitualmente tenemos claro qué no podemos o qué no vemos adecuado decir en la consulta a nuestros pacientes, a nuestra familia, en una sesión clínica, en una conferencia con sólo 50 personas,  con el director de recursos humanos o con el jefe de departamento.  La respuesta la sabemos todos, entonces ¿por qué sí en las redes sociales para que lo lean 2 millones de personas entre las que está nuestra madre, el director de recursos humanos, el paciente que confía en nosotros o una nueva oportunidad de trabajo?, ¿se trata de irresponsabilidad o de un suicidio social? o en realidad ¿es un problema de sinceridad? Si podemos responder a esto, sabremos lo que tenemos que hacer para gestionar de forma adecuada nuestra identidad digital y nuestros perfiles sean los que sean.

A destacar la revisión exhaustiva de las recomendaciones internacionales de uso para profesionales y Social Media, que llevamos a cabo hace unos meses, y las diez recomendaciones generales que más frecuentemente se mencionaban en dichas recomendaciones.

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