Friday, 30 November 2012

Apps de Salud...¿fascinación hipnótica?

Estos días pasados he participado en diversas e interesantes iniciativas relacionadas con las Apps, como las Jornadas ACEBA 2012, la jornada de Salud 2.0 del COMB o la twitada #appsalud de ayer mismo. Es un tema apasionante que genera controversia y emoción. Me parece fantástico este interés e ilusión por debatir y aportar ideas en el tema de las Apps de salud y personalmente estoy convencido de que van a ser un elemento esencial més en la atención de salud personalizada, participativa, de prevención y de predicción (la Medicina de las 4P que he nombrado en otras ocasiones).

Hace ya un par de meses que hemos estado (y seguimos), com mi más directa colaboradora, leyendo y recopilando información sobre las Apps de salud (por ej. algunos documentos relevantes y serios en FDA, Directiva Europea 2012 sobre Medical Devices, Happtique, D4, Real Decreto 1591/2009) para entender mejor cómo se están utilizando, qué se espera de ellas, qué pueden aportar en la salud y también cómo deberían diseñarse, qué aspectos científicos y legales deben tenerse en cuenta en su creación y promoción y cuál debe ser la mejor forma en la que se apliquen en entornos clínicos integrándose en la atención de las consultas. Desde luego no todas las apps son iguales en cuanto al entorno o efecto en su aplicación. Presentación con algunas reflexiones para la jornada ACEBA:




Un diccionario médico o un recordatorio de citas médicas, no son lo mismo que Apps que ofrecen orientación sobre diagnósticos o tratamientos como aquellas que basándose en los datos personales, te indican la dosis de medicación que corresponde en dicho caso o que te soportan en el diagnóstico por la imagen.

Me ha sorprendido un poco la fascinación hipnótica que nos despiertan a todos y el potencial que tienen, o al menos que se les atribuye (está por ver exactamente), como herramienta complementaria en la atención sanitaria. Pero también me han sorprendido algunos comentarios de estos días, que me han parecido fruto, seguramente, de la precipitación y de la emoción.

La idea más importante que me gustaría transmitir, es que si tienen alguna función directa sobre la salud de las personas y de alguna aplicación clínica concreta de diagnóstico, tratamiento y de prevención en algunos casos, con un efecto o beneficio directo sobre los pacientes, creo que puede afirmarse rotundamente que no pueden ser soluciones o dispositivos improvisados o para hacer simplemente negocio.

Aunque como ocurre siempre deberemos gestionar las limitaciones de cualquier iniciativa o proceso, las Apps de salud deberían elaborarse siguiendo unos criterios básicos de rigor científico y diseño (de contenidos, resultados, usabilidad, stándares comunicación, etc.), garantizando su calidad y las funciones y resultados para las que se crearon, asegurando el cumplimiento de los requerimientos legales de privacidad, seguridad, comunicación y distribución en el mercado, integrándose de forma compatible en el conjunto de elementos de atención sanitaria (algo que nos está costando tanto), al igual que los criterios que siguen (o deberían seguir) en su elaboración, los medicamentos, los otoscopios, las prótesis, las pruebas análiticas, las vacunas, etc. Sin más, así de simple (y de complejo). Todo esto exige un seguimiento estructurado y profesional, llámenle sellos, certificaciones o lo que quieran, el nombre no es lo importante, la función de garantías sí.

Otro tipo de Apps a las que no sería necesario aplicar criterios de calidad tan elaborados, serían interesantes para facilitar el acceso a servicios médicos, información, educación o promoción de hábitos saludables, pero no para una atención clínica de los problemas de salud de las personas.